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la audiencia
Definiendo la audiencia Jorge Frascara
Comunicaciones genéricas, que intentan llegar
a todos, llegan sólo a pocos, particularmente cuando
se quiere afectar el conocimiento, las predisposiciones o
las conductas de la gente. La eficacia comunicativa requiere
la definición de una audiencia que sea substancial,
alcanzable, reactiva y mensurable. El campo de trabajo y maestría
del diseñador gráfico –centrado tradicionalmente
en el lenguaje de la visión– debe extenderse
para abarcar la comprensión de los diferentes lenguajes,
necesidades, percepciones y valores culturales del público.
Diseñar es dar forma adecuada a una comunicación de
manera de impactar el pensamiento, el conocimiento o la conducta
del público. Es evidente que no es posible concebir principios
universales para el diseño de esas formas: todo mensaje tiene
contenidos específicos y se dirige a públicos específicos.
Un mensaje anti-droga para adolescentes franceses en el área
de París requiere un lenguaje totalmente distinto del requerido
por una promoción de venta de terrenos de exploración
petrolífera en Arabia Saudita dirigida a hombres de negocios
de Tejas.
La importancia de las audiencias específicas
varía de acuerdo con el problema comunicacional enfrentado;
diseñar publicidad para productos de consumo que no
difieren fundamentalmente de otros existentes no es muy difícil:
se trata solamente de modificar ligeramente la dirección
general ya existente en el consumidor en favor de un producto
específico. El trabajo individual cabalga en el universo
de mensajes publicitarios que incitan a comprar y crean una
disposición y una conducta favorables en el público.
Un producto diferente requiere un trabajo de preparación
más detallado. Por ejemplo, estudiantes de ingeniería
en la Universidad de Alberta, respondiendo a un concurso lanzado
por la Ford, han construido un vehículo híbrido
que trabaja en parte con un motor a explosión y en
parte con un motor eléctrico. Este vehículo,
si entra en producción, va a ser más caro y
un poco más complicado para conducir y mantener. Johanna
Pedersen, una estudiante de Maestría, egresada de la
UBA, está trabajando en la definición de una
audiencia adecuada, en función de promover la idea
del vehículo entre esos segmentos del mercado que sean
más receptivos y activos en relación con un
producto que difiere de lo común, que tiene ciertos
elementos en contra, pero que, ciertamente, en el gran esquema
de las cosas, representa un paso deseable en relación
con la reducción de la contaminación ambiental.
En este caso es imprescindible realizar un buen estudio del mercado
en función de maximizar la rentabilidad de la inversión
publicitaria.
Es común empezar todo estudio de mercado
por la elaboración e implementación de criterios de
segmentación. Las técnicas de segmentación
varían, pero es común hablar de tres dimensiones básicas:
geográfica, demográfica y socio-económica.
La geográfica atiende a la división de un país
en sus zonas cardinales (norte, sur, centro, etc.) y a la diferenciación
entre el área rural y los diferentes grados de urbanismo.
La demográfica atiende al número de habitantes, sexo,
edad, nacionalidad y religión. La socio-económica
comprende ingresos, nivel económico, profesión, educación,
etc.
Otras técnicas de segmentación consideran
características sociológicas, tales como la
definición de expectativas, valores y objetivos que
predominan en diferentes grupos; por ejemplo economía,
eficiencia, belleza, lujo, etc. Características personales
psicológicas permiten diferenciar entre líderes,
seguidores, imitadores, aventureros, conservadores, etc. Ciertos
problemas sociales específicos generan divisiones en
el mercado, tales como el medio ambiente, la pobreza, el feminismo
o la homosexualidad.
Fuera de lo específico de estas técnicas de segmentación
del mercado y hablando en general, para que una campaña sea
efectiva la audiencia tiene que ser substancial, alcanzable, reactiva
y mensurable.
Parto de la base de que el dominio del lenguaje
visual es esencial, pero no en relación con el desarrollo
de un estilo personal y reconocible, sino en relación
con la habilidad para construir mensajes usando en forma impactante
el lenguaje visual del público al que se dirige la
comunicación.
Una excesiva preocupación por la forma ha distraído
(y aún distrae) a una gran cantidad de diseñadores
(muchos de ellos, de moda) de la blico, necesidad de entender
y confrontar los problemas de comunicación. Un nuevo
peligro ha aparecido ahora para contribuir a esa distracción:
la computadora. La computadora y las discusiones que la rodean
concentran la atención en cómo producir un diseño
y olvidan totalmente el problema de qué diseño
producir.
El diseño es una actividad intelectual, cultural y
social; no solamente visual y tecnológica. Las computadoras
ayudan a producir y manipular formas, pero no ayudan a entender
un problema comunicacional ni a concebir la solución
comunicacional a ese problema. En este terreno, conocimientos
y experiencias derivados de la psicología, la sociología
y el marketing, entre otras disciplinas menos obvias, ayudarán
a entender y enfrentar ese problema.
Cuando uno entiende el diseño gráfico como una
mezcla de psicología de la percepción, estética
y sentido común, las cosas parecen simples; incluso
si uno entiende el diseño como un problema de claridad
comunicacional. Pero cuando se lo entiende como una actividad
cuyo objetivo es un cambio que debe ocurrir en el pensamiento
o en la conducta del público, nuestra ignorancia resulta
aparente, y la necesidad de entender al público “desde
adentro’’ resulta impostergable.
Edmonton, 1993
Extracto: Autor, Jorge Frascara
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