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De las cavernas a la era digital
El diseño gráfico:
de las cavernas a la era digital
© Lic. Itanel Bastos de Quadros
Junior, profesor de la Universidade Federal do Paraná
(Brasil)
(Trabajo presentado en la II Bienal de la Comunicación,
celebrada en la Universidad de Cartagena (Colombia), en mayo
de 1998).
Los expertos discrepan sobre las raíces del diseño
gráfico. Algunos identifican las pinturas rupestres
como ejemplos ancestrales de los signos gráficos; otros
reconocen sus formas embrionarias en Egipto, Grecia, México
y Roma. Varios autores consideran que el diseño gráfico
surge al mismo tiempo que la imprenta. Una corriente apunta
a las vanguardias artísticas del inicio de este siglo.
Otros, todavía, emplazan al pensamiento contemporáneo,
con respecto al diseño gráfico, después
de la segunda guerra mundial, como un fenómeno adjunto
al fuerte desarrollo industrial y de los medios de comunicación.
James Craig y Bruce Barton buscan aclarar las fuentes del
diseño gráfico: "La historia del diseño
gráfico es una infinita fascinación: la magia
de las primeras imágenes; la belleza de los jeroglíficos
egipcios; la evolución del alfabeto fonético;
la genial invención de Gutenberg; la acelerada mecanización
de la composición gráfica y la explosión
de la imaginación en el siglo veinte. Con una herencia
tan fértil, desafortunadamente muchos diseñadores
gráficos saben más sobre la historia de la pintura
que sobre la historia del diseño gráfico. Una
de las razones para esta contradicción tal vez sea
la creencia de que el diseño gráfico es una
innovación del siglo veinte y que es una profesión
sin historia. Esto no es verdad porque el diseño gráfico
-o comunicación visual- empezó en los tiempos
prehistóricos y ha sido practicado durante siglos por
artesanos, escribanos, impresores, artistas comerciales e
incluso pintores" (1).
En definitiva, es posible admitir que, en un sentido más
amplio, la comunicación visual tiene una historia muy
larga. Cuando el hombre primitivo buscaba alimento y encontraba
una huella de animal impresa en el lodo, en realidad estaba
recibiendo un mensaje a través de un signo gráfico.
Sin embargo, a pesar del largo recorrido hacia la actualidad
de la comunicación visual, es posible balizar que el
diseño como actividad moderna se constituirá
como una demanda de la revolución industrial.
Herbert Spencer asegura que las raíces de la tipografía
y del diseño gráfico modernos se entrecruzan
con las de la pintura, la poesía y la arquitectura
del siglo XX: "El nuevo vocabulario de la tipografía
y del diseño gráfico se fraguó en menos
de veinte años (...) Por supuesto, la tipografía
moderna no fue fruto de la repentina invención de un
hombre, ni siquiera de un grupo. Nació como una respuesta
a las nuevas exigencias y a las nuevas oportunidades que el
siglo XIX trajo consigo.
La violencia con la que la tipografía moderna irrumpe
en escena a comienzos del siglo XX refleja la agresividad
con la que los nuevos conceptos sobre arte y diseño,
en cada campo, barrieron convenciones agotadas y atacaron
actitudes que no tenían relevancia en una sociedad
altamente industrializada." (2).
José Ignacio Armentia también apunta esta relación
entre el diseño y la era industrial: "La idea
de un producto concretada teóricamente después
de estudios previos de necesidades de mercado y de sistemas
y costes de producción, a fin de valorar la funcionalidad
y rentabilidad, exige una proyección gráfica
que posibilite su materialización. Sería aquí
donde entraría en juego el diseño. Se trataría
de crear formas conjugando estética y funcionalismo,
y seleccionar entre ellas la más adecuada al fin propuesto."
(3).
No obstante, fue en las calles de las ciudades que crecían
vertiginosamente al final del siglo XIX donde se presentaron
los carteles como una expresión de vida económica,
social y cultural, compitiendo por la atención de los
compradores de las nuevas mercancías y audiencias para
las diversiones.
Los carteles llenos de colores, impresos en un actualizado
sistema litográfico, atrapaban la atención de
los transeúntes. Las ilustraciones, ayudadas por el
texto, revelaban un contexto preciso, introduciendo una nueva
estética de imágenes simplificadas ordenadas
por los medios de reproducción gráfica.
En su libro "Introducción al diseño gráfico",
Peter Bridgewater enfatiza la influencia de Toulouse-Lautrec,
al utilizar la litografía a gran escala, en el desarrollo
del diseño gráfico de los carteles: "Henri
de Toulouse Lautrec (1864-1901) influyó notablemente
en la elaboración del cartel moderno (poster). Entendía
que los carteles eran un medio de comunicación con
otras personas, que se dirigía a cierta audiencia.
Descubrió la importancia de trasladar su trabajo a
la imprenta, y aprovechó la litografía a gran
escala. La tradición clásica de la tipografía
centrada, usando varias formas de letras, tuvo sus orígenes
en los letreros y en la caligrafía, pero hubo innovadores
que estaban preparados para desafiar los valores existentes,
en busca de una forma de comunicación más efectiva
y original." (4).
Los artistas de todo el mundo miraban París como la
capital del arte mundial y admiraban sus carteles. Sin embargo,
Amsterdam, Bruselas, Berlín, Munich, Budapest, Viena,
Praga, Barcelona, Madrid, Milán y Nueva York también
nutrieron escuelas de artistas del cartel y brillantes diseñadores
individuales. Milán produjo el número más
destacado de creadores de carteles, cuya originalidad desafió
a los de París.
Varios artistas estadounidenses integraron con éxito
ilustraciones en el letrero en sus diseños. Will Bradley
hizo un brillante trabajo al revivir el Art Nouveau, el manierismo
de la Edad Media y el Renacimiento. Bradley absorbió
la influencia no solamente de Francia, sino también
de Japón e Inglaterra. Esta época es un ejemplo
del esfuerzo realizado para replantear el papel del arte en
una sociedad industrializada.
En Inglaterra, William Morris y otros buscaron enfatizar el
papel del artesano, hacia los modelos del Renacimiento y a
un diseño más vigoroso.
Los artistas de los carteles de este período demostraron
que la osadía de la libertad estética primero
exige un enfrentamiento con la innovación técnica
en la producción y la reproducción gráfica.
Desde esta época los artistas dejarán de agregar
simplemente textos tipográficos y empezarán
a dibujar tipos y a responsabilizarse de todos los elementos
que deberían ser reproducidos, siendo entonces reconocidos
como diseñadores gráficos.
El movimiento Arts and Crafts y William Morris van a interesarse
por la producción de libros, que se imprimirán
en una variedad de formatos, con decoraciones xilográficas
y un conjunto de letras, creadas a partir de especificaciones
propias y sacadas de fotos de impresos del siglo XV. Estos
y otros libros de editoriales privadas figuran entre los trabajos
gráficos británicos más admirados en
el continente europeo.
Estas nuevas ideas se discutieron y diseminaron por Austria,
Alemania, Bélgica e Italia. Algunas revistas publicadas
en Londres difundieron los trabajos del movimiento Arts and
Crafts, carteles de Beggarstaff y de la escuela de diseñadores
de Glasgow (Charles Rennie Mackintosh, George Walton y Margaret
y Frances Macdonald). Las influencias fueron absorbidas por
diversos artistas, arquitectos y diseñadores de estos
países.
Desde el inicio del siglo XX los desarrollos experimentados
en el diseño de los carteles se extendieron a las tarjetas
postales, etiquetas adhesivas, estampillas y embalajes. Esto
fomentó la economía en el diseño y redujo
el número de colores utilizados. En Alemania, los diseños
desarrollaron una estética refinada y enérgica
para anunciar los productos al consumidor. En Berlín,
un grupo de diseñadores asociado con una firma de impresión
(Hollerbaum und Schmidt) rompió una nueva barrera:
sus carteles restringieron la imagen al objeto que se estaba
anunciando, y las palabras a la marca del fabricante. Este
estilo se conoce como cartel - objeto (Sachplakat).
Si el empujón principal al desarrollo del diseño
gráfico después de la primera guerra mundial
se centró en los movimiento de vanguardia y sus aspiraciones,
una menos agitada, pero no menos brillante evolución,
tuvo lugar en el cartel comercial.
La primera guerra mundial estableció la importancia
del diseño gráfico. El gráfico, la ilustración
y el letrero ayudaban a informar e instruir de un modo económico
y directo. La identificación militar era un código
que se entendía instantáneamente. Las insignias
de los regimientos tenían mucho en común con
el diseño económico y con las imágenes
poderosas y lemas de los nuevos carteles. Los gobiernos los
utilizaron en los anuncios públicos, así como
en la propaganda y para exhortar a los ciudadanos a compartir
el esfuerzo de la guerra.
Las nuevas experiencias tipográficas formaron parte
del programa de los futuristas y sus experimentos comenzaron
antes de la primera guerra mundial. En Italia, el movimiento
fue conducido por el poeta Filippo Tommaso Marinetti, que,
en 1909, había publicado en París el primero
y más famoso manifiesto futurista. Marinetti empezó
su mensaje glorificando aspectos del mundo moderno, tal como
la velocidad, los automóviles o los aeroplanos, que
hacían recorridos ruidosos sobre las capitales europeas.
Los futuristas incorporaron elementos de los anuncios en su
literatura y también extendieron el movimiento a la
publicidad porque estaban fascinados por la tecnología
y se apropiaron de los elementos de la producción industrial.
En Alemania, al tiempo de la Nueva Tipografía (Neue
Tipographie) se había aprendido a enfatizar el significado
de palabras con el uso del espacio en blanco dentro del diseño.
Este tipo de funcionalismo fue el más importante para
muchos de los más jóvenes diseñadores
que se habían asociado con el Futurismo. Sus trabajos
fueron presentados en el primer número publicado de
la revista Campo Gráfico (1933) y se presentaban como
una reacción al creciente nacionalismo, a la industria
de impresión neoclásica y al conservadurismo
del Renacimiento.
El Futurismo fue importante porque rompió con el tradicional
esquema simétrico de la página impresa. Los
dadaístas crearon el precedente en las innovaciones
tipográficas en Alemania y prestaron su nombre, Futurismo,
al experimentalismo en Rusia, que precedió inmediatamente
la revolución de 1917.
En los años que siguieron a la revolución rusa,
el diseño gráfico se desarrolló en las
películas como un medio de comunicación masivo.
Este nuevo idioma se exportó hasta llegar a ser una
influencia importante en Alemania y Holanda, entre las dos
guerras mundiales. Rusia ya tenía una tradición
visual poderosa expresada en los grabados en madera, los iconos
y las revistas políticas ilustradas.
En los primeros años de la revolución rusa,
los carteles se convirtieron en los heraldos públicos,
con lemas visuales e ilustraciones de apologías políticas.
La revolución desarrolló y aprovechó
los nuevos recursos de la fotografía y, con ellos,
las habilidades de diseñadores en la ilustración,
para la presentación de estadísticas y cartografía.
Los diseñadores produjeron imágenes que trascendieron
la objetividad en la presentación poética del
progreso soviético.
El diseño gráfico soviético mantuvo la
geometría y los colores primarios del constructivismo
abstracto, pero el trabajo más complejo derivó
en una forma gráfica que buscaba aclarar su significado.
Hasta que Stalin suprimió el movimiento vanguardista,
en Occidente parecía que la Unión Soviética
había reconciliado las demandas sociales con la estética
revolucionaria y el diseño gráfico se había
lanzado como la expresión de la nueva sociedad.
En las principales ciudades de Europa, el diseño gráfico
surgirá como parte de la moderna sociedad industrial,
no sólo a través de los carteles, sino también
en los membretes, folletos de publicidad, catálogos
de componentes industriales y ferias. El llamado arte comercial
sobrevivirá en el trabajo de los artistas de los carteles.
Pero la comunicación visual en los años 20 estuvo
dirigida por los artistas de vanguardia.
En Alemania, el desempleo, la inflación y el caos político
siguieron a la primera guerra mundial. Situada entre dos poderosos
movimientos vanguardistas, el Construtivismo en la Rusia soviética
y De Stijl en Holanda, Alemania estaba abierta a esa influencia.
Los movimientos artísticos más destacados justo
al final de la guerra fueron el Expresionismo y el Dadaísmo.
Los carteles que produjeron masivamente los artistas expresionistas
estaban marcados por la ilustración agresiva, cuyos
contrastes violentos se enfrentaban con el letrero libre o
con el uso de pesadas letras originalmente diseñadas
para la publicidad. Se hacía mucho énfasis en
estas técnicas, que al final dejaron algunos carteles
notables pero ninguna marca duradera sobre el diseño.
Los dadaístas emplearon particularmente el montaje,
una reunión de imágenes ya listas, mezcladas
con toda clase de tipos y ornamentos impresos en composiciones
tipográficas. Sus habilidades para la propaganda, primeramente
ejercidas para la autopromoción, se dirigieron después
a difundir el diseño como una parte de la revolución
social en la cual la libertad se lograría mediante
el incremento de la mecanización.
En la tipografía, el movimiento va a seguir una versión
disciplinada del Construtivismo. Para los dadaístas,
cada diseño tenía una estructura derivada de
su contenido verbal, no organizado según un precedente
establecido. Las ilustraciones hechas a mano fueron reemplazadas
por imágenes fotográficas. El diseñador
trabajaba en la mesa de dibujo como un arquitecto, produciendo
un esquema provisto de instrucciones. De esta manera, las
decisiones se tomaban al margen de los talleres de tipografía
y se desarrollaban en el estudio, lejos del proceso industrial.
Los avances, desde el Expresionismo hacia el Funcionalismo
y desde la artesanía hacia el diseño para la
producción industrial, pueden trazarse desde el diseño
gráfico inestable hasta la Bauhaus, la famosa escuela
de artes y artesanías, establecida en Weimar (Alemania),
en 1919.
Las reglas dictadas por esa escuela llegaron a ser un estereotipo
que se ha identificado popularmente como la "tipografía
de Bauhaus". De hecho, las reglas y los tipos eran peculiares,
pero formaban parte de una reforma mucho más radical
que examinó los elementos de diseño gráfico
y el papel que cada uno de ellos jugaba a la hora de transmitir
la información.
Leonor Arfuch comenta el ideal en el área de la comunicación
gráfica buscado por la escuela: "Otra gran aspiración
de la Bauhaus estuvo justamente en el plano de la comunicación
gráfica, en la conformación de su especialidad
como un área moderna de incumbencia, no equiparable
a las antiguas artes gráficas. Allí intervinieron,
no sólo legados vanguardistas sino también aportes
técnicos y conceptuales de la psicología, la
publicidad y la propaganda de masas, generando un espacio
nuevo de articulación y de expresión, donde
la proyectación se abría no solamente a la innovación
tipográfica y formal sino a la inclusión de
la fotografía y otras composiciones plásticas.
La utopía del orden y el ideal de la ilustración
de lograr la democratización del acceso al conocimiento
y a la distinción de los saberes, se plasmaban aquí
en un primer paso fundamental: la legibilidad." (5).
En 1933, el nuevo diseño funcional había sido
aceptado en Alemania y su enseñanza ya se había
introducido en las escuelas a través de Willi Baumeister
(Frankfurt), Max Burchartz (Essen), Walter Dexel (Magdeburg)
y Trump (Berlín). Pero cuando los nazis llegaron al
poder, muchos de los diseñadores progresistas perdieron
sus trabajos y se cerró la Bauhaus.
Philip Meggs comenta las circunstancias de la disolución
de la Bauhaus: "La nube creciente de la persecución
nazi llevó a muchos profesores de la Bauhaus a unirse
a los artistas e intelectuales que huyeron hacia los Estados
Unidos. En el año 1937, Gropius y Marcel Breuer estaban
dando clases de arquitectura en la Universidad de Harvard
y Moholy-Nagy estableció la Nueva Bauhaus (ahora el
Instituto de Diseño) en Chicago. Un año más
tarde, Herbert Bayer inició la fase norteamericana
de su carrera como diseñador. Este éxodo por
el Atlántico iba a tener un impacto significativo en
el diseño estadounidense después de la segunda
guerra mundial." (6).
Desde la década de los 30, el diseño gráfico
tendrá una participación importante en la vida
política. La hoz y el martillo en la bandera roja de
los comunistas y la svástica nazi, por ejemplo, sustituyeron
a los antiguos símbolos nacionales. Los líderes
políticos casi se transformaron en iconos por su presencia
masiva en carteles, matasellos, portadas de revistas y periódicos.
La fotografía fue un medio particularmente útil
a la propaganda política, al transformar, no solamente
la forma de elaborar las imágenes, sino también
la manera de mostrar a los líderes a la población.
La guerra civil española produjo una gama enorme de
carteles republicanos, presentados en una amplia variedad
de estilos de ilustración heroicos y letreros sencillos.
Pero la fotografía demostró ser un medio mucho
más efectivo de protesta contra las atrocidades, que
las ilustraciones caricaturizadas utilizadas en la primera
guerra mundial. En los carteles republicanos españoles
también se utilizaron fotografías como un medio
de ilustración documental, ayudando a crear un sentimiento
de solidaridad en la población.
En los regímenes totalitarios, la propaganda reflejó
la ideología estatal y los nazis incorporaron convencionalismos
ya existentes en la sociedad alemana en su comunicación
visual. Los colores rojo, blanco y negro de la bandera imperial
alemana se utilizaron en los estandartes nazis, mientras que,
en la Unión Soviética, los carteles adoptaron
los elementos del realismo socialista.
Aunque el cartel fue la más sobresaliente de las contribuciones
de los diseñadores a las pugnas políticas y
a la propaganda de guerra, declinó como medio de publicidad
en los años 30. Las revistas ganaron en importancia
porque llevaban las noticias del conflicto hasta los hogares.
Pero la guerra también impulsó los procedimientos
metodológicos del diseño y la idea de que, por
medio del diseño, se podría resolver problemas
de comunicación. Estos principios, después aplicados
en la investigación de las reacciones de los usuarios
en el mercado, fueron experimentados por la psicología
Gestalt en el tiempo de guerra para su aplicación en
áreas como camuflaje e identificación.
En la guerra, la presión del tiempo requería
la rápida comprensión de los hechos y de las
situaciones, fomentando el desarrollo del diseño aplicado
a la información.
En verdad, desde finales del siglo diecinueve varios países
europeos y después Estados Unidos contribuyeron al
desarrollo del diseño gráfico contemporáneo,
pero en los años 50 Suiza va a destacarse fuertemente
en el escenario internacional.
La difusión del "Estilo Suizo" se debió
principalmente a Graphis, una revista mensual publicada en
Zurich desde fines de la segunda guerra mundial, que compaginó
la reproducción y la discusión del arte comercial
extranjero con revisiones de las artes de la impresión.
La revista fue responsable también de la publicación
de libros con temas históricos del área.
Para Anna Calvera, la importancia del grafismo suizo en el
diseño gráfico contemporáneo radica en:
"(...) su peculiar modo de entender la finalidad a la
vez que presuponía una opción de tipo comunicativo:
la decisión de informar más que convencer, de
mostrar más que provocar, de decir más que sugerir.
(...) Probablemente por este motivo los grafistas suizos consiguieron
representar visualmente las nociones conceptualmente más
abstractas -como velocidad y no el coche, la energía
y la seriedad y no el dinero. (...) La importancia histórica
del grafismo suizo depende además de otro factor. Fue
el intento más riguroso y sistemático hecho
en la historia del diseño gráfico para definir
su especialidad como profesión y alcanzar el reconocimiento
de su autonomía como actividad. Una autonomía
que se establece tanto con relación a la tradición
de las artes gráficas como a las aportaciones de las
artes plásticas y que se sostiene sobre la base de
la función social específica del diseño
en una economía de mercado, como la de los países
occidentales en la fase histórica que a veces se llama
neocapitalismo avanzado y, otras, sociedad de la abundancia."
(7).
En los años 60, el diseño gráfico ya
formaba parte de la cultura y de la economía de los
países industrializados. Sin embargo, a pesar de los
avances de la tecnología de la comunicación
que permitieron que la información fuera repartida
rápidamente por todo el mundo, los desarrollos todavía
eran sorprendentemente localizados en determinados países
y la mayoría de los diseñadores trabajaban como
parte de un equipo.
La revolución electrónica ofreció la
posibilidad de utilizar imágenes almacenadas desde
períodos anteriores y de transformar sus contenidos
en algo contemporáneo, a través de la manipulación
digital. La evolución de la comunicación impresa
se debió entonces, principalmente, a los avances de
las nuevas técnicas y de la tecnología informática,
que entregaron al diseñador el control sobre los medios
gráficos de producción y reproducción.
Pero los cambios de estilo estuvieron provocados, más
allá de los avances de la tecnología y de los
medios de comunicación, por las mudanzas en el comportamiento
de la sociedad.
Las transformaciones sociales que ocurrieron en el occidente
en la década de los 60 se reflejarán también
en la expresión gráfica y la comunicación
visual llenó espacios entre el gusto más popular
y el cerebral diseño estilo suizo, que entonces dominaba
la escena internacional.
Sobre la influencia creciente del diseño gráfico
en la sociedad, Enric Satué reflexiona: "(...)
la progresiva ampliación de los campos de intervención
del diseño gráfico, cuya vertiginosa inflexión
al alza se inicia en los años cincuenta con la implantación
del medio de comunicación de masas más poderoso
de la historia (la televisión)...
En efecto, este secular servicio a la comunicación,
recluido y fragmentado principalmente en la edición
de libros, la industria de la impresión y las agencias
de publicidad cobra a mediados de los años setenta
una nueva dimensión y se proyecta con fuerza multidisciplinar,
contribuyendo decisivamente al desarrollo y modernización
de los mensajes visuales emitidos desde entonces por televisión,
prensa, revistas, imagen corporativa packaging -o imagen de
producto- y programas de señalización. Para
ello, ha sido determinante la incorporación decisiva
de técnicas de expresión gráfica como
la fotografía, la pictografía, la señalética,
la fotocomposición y la infografía, con las
que se ha constituido el cuerpo casi místico de la
informática. Por cierto, una revolución triunfante
igualmente imprevisible que, según los oráculos
tecnológicos más influyentes, ha dejado al diseño
gráfico en una posición estratégica privilegiada,
llamada a suceder a la arquitectura y al diseño industrial
en la guía de la cultura del proyecto y sus disciplinas."
(8).
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