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Entrevista: Gui Bonsiepe, diseñador alemán
Macarena García G
Diseño con dientes .
Odia el diseño de autor, la arquitectura llamativa
y cualquier pretensión posmodernista que se interponga
entre el usuario y sus herramientas. Gui Bonsiepe sabe lo
que quiere y lo quiere para Latinoamérica, el continente
que ama por periférico
Estuvo casi una semana en Santiago dando conferencias
a alumnos y colegas que se preocuparon de llegar temprano
para "agarrar" asiento y no quedarse frente a la
pantalla repetidora que se había colgado fuera de la
sala. Una convocatoria masiva para un tema por el que pocos
apostarían: la teoría del diseño. Le
dijeron que era un gurú y él se defendió
de su propia imagen mistificada. Dijo que no, que él
no traía soluciones, sino sólo opiniones, miradas
sobre las posibilidades del oficio en un mundo globalizado
y competitivo.
"No soy un gurú", repite
convencido el día de la entrevista, a pesar de que
esa mañana recibió su medalla de Doctor Honoris
Causa de la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM)
y dio una charla magistral que luego le pidieron para llevársela
al Presidente Ricardo Lagos. Gui Bonsiepe dice estar agradecido
del trato que se le da en Chile -"son increíblemente
cálidos y generosos"- y no quiere sacarse la medalla
en cuestión. La levanta para mostrársela al
fotógrafo. Después se acerca para contestar
las preguntas, mientras sus anfitriones esperan pacientemente
a que termine para seguir con los agasajos.
Y es que Bonsiepe, diseñador y teórico
de esta disciplina, tiene estrechos lazos con Chile. Al egresar
de Ulm, escuela alemana heredera de los postulados de la Bauhaus,
viajó a trabajar a Argentina, desde donde se trasladó
a Chile para elaborar un programa de cooperación y
fomento de la pequeña y mediana industria. Eso fue
en 1968 y cinco años después partiría
rumbo a Brasil, lugar en el que reside hasta hoy. Alcanzó
a inscribir como chilenas a dos de sus hijas y a hacerse un
grupo de colegas amigos con los que se seguiría encontrando
esporádicamente al pasar los años. Decidió
radicarse definitivamente en Latinoamérica, un continente
que le parece bastante más "entretenido"
que la "resuelta" Europa a la que sus amigos no
han logrado convencerle de volver.
Parecen factores para cautivar a su audiencia.
Pero tal vez lo logran más sus ideas que van desde
la sentencia de muerte para el diseño gráfico
en tiempos de internet, una acérrima guerra contra
la vanidad de cierta arquitectura (un tema que saca aplausos
en el gremio) y el inflexible rechazo a las ínfulas
de artista con las que se invisten ciertos colegas. Utiliza
un icono con el que logra sonrisas irónicas: Phillippe
Starck y su exprimidor Alessi de 75 dólares, cuyo diseño
no contempla la retención de las pepas de las naranjas.
"Es una pieza para poner sobre los escritorios de los
empresarios y decir que ellos sí aprecian el diseño
y el arte. Una estupidez", espeta mientras cambia la
imagen del powerpoint. La audiencia suelta carcajadas.
-Usted ha dicho que el marketing se "comió"
al diseño. ¿Se refiere específicamente
a las grandes alianzas entre marcas y diseñadores,
cuya firma vale millones, como Phillippe Starck o Marc Newson,
asociados a Puma o Alessi para diseñar zapatillas,
sandalias y exprimidores?
"El marketing descubrió en el
diseño una variable para fortalecer sus intenciones
y el diseño se dejó seducir por él. Yo
no quiero negar la importancia del marketing, pero me parece
equivocado reducir el diseño a eso. Se trata de otro
oficio que busca hacer objetos más usables e informaciones
más comprensibles para el usuario, no para posicionar
a empresas en el mercado".
-¿Y quienes pelean de su lado están
en batalla contra la banalización del diseño?
Hoy, muchos piensan que mientras más sofisticado y
creativo es un diseño, es mejor.
"Yo creo que hoy la gente piensa que
el diseño es una carrera fácil, de mucho baile
y mucha entretención. Me temo que una generación
de estudiantes va a sufrir un despertar muy doloroso, porque
el diseño requiere un know how duro, profesional. Hay
que saber de precios, de materiales, conocer las otras profesiones
que intervienen en él, no es una cosa de estética
y sensaciones. Por eso estoy en contra del diseño de
autor, de la automarca tipo Phillippe Starck. Ojalá
los productos diseñados interfieran de la manera menos
molesta en mi vida, no quiero productos sobre los que se siente
que han sido 'diseñados'".
-¿Y de dónde provendría
esta cercanía entre arte y diseño? ¿Tiene
que ver con que el discurso crítico y teórico
del diseño no está muy desarrollado?
"Son varios factores. Yo creo que todas
las profesiones tienen un discurso propio, pero en este caso
no hay una tradición de reflexión crítica.
De hecho, hay una aparente oposición entre teoría
y práctica, por eso yo evito presentarme como un teórico".
-"Nos han dicho que las Grandes Narrativas
han muerto. Ese es sello de la condición posmoderna.
Pero donde antes teníamos varias narrativas compitiendo,
ahora encaramos -en larga escala- la propagación de
una Meganarrativa, llamada Mercado", escribió
usted. ¿Es algo que debiese enfrentar el diseño?
¿De qué forma?
"Es cierto que con el postmodernismo
fue inaugurado el período de la muerte o de la desaparición
de las grandes meganarrativas. Esa crítica al proyecto
utópico de la modernidad me parece en parte justificado,
pero creo que se hace eliminando toda la parte positiva del
iluminismo. Estas nuevas corrientes juguetonas de la filosofía
en que todo es entretenimiento, ironía y alusiones
dejan de lado el tema que la modernidad es un proyecto inacabado
como dice Habermas. Mi proyecto de diseño está
arraigado en ese proyecto, porque hay muchas cosas aún
por hacer, particularmente en los países periféricos
donde las promesas del proyecto de la modernidad no han sido
cumplidas".
-¿Y cómo sería ese diseño
posmoderno que no cumple las promesas?
"Se manifiesta con más claridad
en la arquitectura. Grandes obras con curvaturas como el diseño
de (Frank) Gehry para el museo Guggenheim de Bilbao en el
que hay una categórica división entre la piel
del edificio y la construcción interna. A pesar de
todos los elogios que ha recibido, yo pregunto a los directores
de museos si es que están contentos con esas condiciones
para exhibir las obras. La arquitectura es tan importante
que aplasta. Soy alérgico contra ese tipo de arquitecturas
y contra su símil en diseño, el que hacen las
estrellas que se venden como firmas. Para mí, la relación
arte y diseño es una irresponsabilidad que mistifica
una actividad profesional. Le dan una aura de incomprensibilidad,
una idea de que no puede ser penetrable a criterios racionales,
cuando el diseño tiene que ser eso: racional".
-¿Cuáles cree fueron los principales
cambios en el diseño tras la irrupción de los
nuevos medios?
"Muchos. Se nos abren nuevos desafíos
para los diseñadores, que exigen ciertas facultades
intelectuales como es el dominio del lenguaje escrito y ciertos
conceptos básicos de programación. Y no sé
si hoy se está encarando bien. El diseño, así,
podría ser una profesión en extinción,
porque puede ser que sean otros profesionales los más
capacitados para asumir estos desafíos".
-A fines del siglo pasado, se apostó
por la importancia económica de internet. Se crearon
muchas empresas de e-business y hubo varios que vaticinaron
el fin de los libros de texto y el advenimiento del hipertexto.
Pero después esas ilusiones se desplomaron, cayó
Nasdaq y se esfumaron la mayoría de las punto com.
¿Influyó que no hubiese un diseño al
nivel de los nuevos medios?
"Una de las causas de este globo desinflado
pudo ser un diseño deficiente de los sitios y herramientas
de la web. Yo noto un gran déficit en el uso de ciertos
softwares y eso es causado por insuficiencias en el trabajo
de los diseñadores en ellos. No saber indicarle bien
al usuario la forma de utilizar estas herramientas".
-¿Y hasta qué punto podemos
hablar del advenimiento del hipertexto en contraste a la linealidad
textual explotada hasta ahora?
"Antes de internet hubo quienes experimentaron
con estas nuevas narrativas, como Cortázar en Rayuela.
Pero hay muy pocos que lo saben manejar hoy. En estos momentos
sí estamos leyendo hipertextualmente, saltando de un
tema a otro, guiándonos por hipervínculos, pero
la construcción consciente de este tipo de textos no
es muy masiva. Hay un nuevo software llamado Stories Space,
con especialistas que hacen congresos y presentan sus obras,
pero sin mucha divulgación. No creo que exista aún
una nueva forma de literatura, pero debiésemos empezar
a preocuparnos por ella".
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